sábado, 21 de marzo de 2009
Publicado por amaliabaldovino @ 4:24
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La Voragine. Revista de Crìtica y Teoria Teatral

http://www.revistalavoragine.com.ar/revista%20cuatro/ARTICULO3.htm

ACERCA DEL TEATRO POPULAR Y DE LA POPULARIDAD DEL TEATRO

 

por Daniel Fermani

 

Me siento en la obligación de aclarar qué significa para mí teatro popular. Entiendo como teatro popular aquel teatro capaz de llegar a todos los estratos de la población, a través de temas y montajes capaces de suscitar el interés de la gente, de entretener y a su vez despertar la chispa del pensamiento crítico.Con esta premisa, y basándonos en la historia del teatro para revisionar el término “popular” –históricamente partiendoespecíficamente de la Atenas de Pericles-, podemos concebir como “popular” un tipo de teatro inteligente, que acuda a mitos o leyendas conocidos por la gran mayoría de la población, y se base en una cultura profunda, arraigada y viva. También sería acertado citar como ejemplo el teatro isabelino del 1600, las obras de Shakespeare en particular, acercándonos en varios siglos a nuestro tiempo.

Sin embargo, nadie que hoy en día se atreva a poner en escena, en nuestro ámbito, una tragedia o una comedia griegas, un drama de Shakespeare, o una obra en la que se hace referencia explícita a estas piezas clásicas, es considerado “popular”. Es más, puede llegar a ser tratado de elitista o cosas peores.

La culpa no la tiene el teatro, evidentemente. Quizás el pueblo de Mendoza no sea comparable con el pueblo de Atenas del siglo V a.C.

En ese caso, se impone intentar un diagnóstico de nuestro estado cultural para individualizar cuáles son los temas que pueden llegar al pueblo, si es que queremos atenernos a lo estrictamente “popular” en el sentido literal de la palabra.Para realizar este diagnóstico, nada es mejor que escudriñar la condición de los núcleos donde se fundan e imparten las bases culturales de nuestra sociedad: las escuelas.

El gobierno dispone que para el Mundial de Fútbol del mes dejunio se coloquen televisores en todas las escuelas y se impartan temas, en cada una de las materias, relacionados con los partidos de ese evento. ¿Estamos ante unaforma contemporánea de difusión de la cultura popular? ¿Tenemos que imitar esa política los dramaturgos y directores, y siguiendo ese pensamiento, debemos escribir obras acerca del fútbol? Desalienta un poco hacer la confrontación de este estado de cosas con el ambiente en que las obras de Sófocles o Shakespeare fueron populares, ¿o se podrán comparar temas como la justicia, el destino, la ambición humana, con los pases de los virtuosos de la pelota?

Cuando se habla de “popular” se olvida que para que exista lo popular debe existir el pueblo, y con él una cultura de manejo común, que permita el acercamiento masivo al arte, su decodificación, su metabolización y su efecto purificador en la mente de las personas. Es superfluo hablar de “arte popular” y mucho menos de “teatro popular” en un país y en un mundo donde la cultura está cada vez más degradada, rebajada al nivel del consumo, o por el contrario, es considerada un bien inalcanzable, elitista, o directamente inexistente. Y no hablo solamente de la Argentina, sino del mundo globalizado donde se compra cultura, y se cae en el error de creer que el manejo de internet o la asistencia a exposiciones de arte, o la organización de eventos de gran presupuesto, pueden suplir la absoluta falta de una política gubernamental que asegure la culturización del pueblo.

En Argentina, que desde hace decenios carece totalmente de una política cultural desde el ámbito oficial, el gobierno ha suplido esa ineptitud con el programa de subsidios, gracias a los cuales muchos artesanos del teatro podemos realizar nuestros trabajos o al menos sobrevivir como teatros independientes.Vista esta situación, es necesario preguntarse: ¿es que el gobierno tiene la obligación o la posibilidad de reproducir la atmósfera cultural que animaba a la Atenas de Pericles, o a la Londres de Shakespeare? ¿Por qué debería hacerlo, si hay que recordar que en la polis existían la esclavitud, la discriminación de las mujeres,los mestizos no tenían derechos civiles y los sirvientes podían asistir al teatro solamente si sus patrones se lo permitían? Y en cuanto a la Londres isabelina, con un altísimo grado de analfabetismo y de represión de parte de la iglesia protestante, con una monarquía absoluta y una corte de nobles que excluía de la riqueza y de la cultura al resto del pueblo, creo que tampoco es un ejemplo para reproducir. Y sin embargo, nadie hubiera calificado a Esquilo, a Sófocles, a Eurípides, a Shakespeare, a Marlowe de antipopulares, de elitistas, de “fachos”, para usar una expresión muy querida para algunos mendocinos defensores inclaudicables de lo “popular”.

Si analizamos estas sociedades del pasado y comparamos su teatro con el nuestro, y su concepto de lo “popular” con nuestro concepto de lo “popular”, tendremos que admitir forzosamente que el teatro que entonces era popular en esos pueblos, hoy es visto como elitista en el nuestro, a pesar de la educación gratuita y obligatoria, de los planes trabajar, de las soluciones habitacionales, de internety de los televisores en las escuelas para que los alumnos se eduquen mirando los partidos del Campeonato de Fútbol. Por lo tanto, ¿es el teatro el que tiene que cambiar para llegar al pueblo, o tal vez se le deba dar al pueblo la oportunidad de acceder a la cultura?

Probablemente este análisis es demasiado severo en cuanto a los esfuerzos del gobierno y de los organismos oficiales por difundir la cultura en la Argentina. Últimamente he comprobado que algunos subsidios están acompañados con requisitos que apuntan a un mayor desarrollo del intelecto y del gusto en la población, como se puede apreciar en las bases del nuevo concurso de dramaturgia lanzado por el ente fiscal oficial del gobierno argentino. En estas bases, diseñadas para un concurso de obras teatrales para adolescentes, se establece que dichas obras deben “estimular el ejercicio de la ciudadanía responsable, enmarcada en la creación de un país solidario, vinculado al sentido social de los impuestos y al reconocimiento del Estado...” Etc. Evidentemente he vivido muy equivocado al pensar que una obra dramática clásica era capaz por sí misma de educar a un joven no sólo en los principios morales y éticos básicos indispensables para un ser humano social, sino también en la refinación del pensamiento, en la bondad, en el gusto por la justicia. Ahora me parece dudoso por qué Hamlet, en sus muchas cavilaciones, no se pregunta también acerca del sentido social de los impuestos en Dinamarca; o por qué Antígona, que prefiere la muerte antes de acatar las leyes del tirano, no reflexiona sobre la creación de un país solidario y sobre el ejercicio de la ciudadanía responsable en Tebas.

Claro, quizás estoy citando a rebeldes, que no son buen ejemplo de estas bases morales que se empeña en arraigar nuestro ente fiscal al convocar y subsidiar el concurso de obras de teatro para adolescentes. Sin duda resultará mucho más claro para el pueblo y para los jóvenes en general, escrutar lospases de los jugadores de fútbol y eventualmente escuchar con atención sus declaraciones de antes y después de los partidos; por supuesto en horario escolar.

Entonces vuelvo a preguntarme, ¿tenemos que cambiar el teatro para llegar al pueblo o debemos resistir enarbolando el verdadero teatro del pensamiento para denunciar la demagogia y la estupidización a que el pueblo es sometido sistemáticamente? Estamos caminando sobre una cuerda demasiado sutil y peligrosa: si continuamos empecinados en considerar que lo “popular” es lo que les gusta a las masas, vamos a terminar convirtiendo el arte en mera entretención y de allí en mortal arma devastadora de mentes y espíritus.

Ante esta actitud obtusa y verdaderamente elitista, yo afirmo que la Capilla Sixtina es “popular”, que la Novena sinfonía es “popular”, que Don Quijote de la Mancha es “popular”, que Otelo es una obra “popular”. Y si alguien es capaz de negarle a un joven o a una persona de cualquier edad, argentino o de cualquier país del mundo, el acercamiento a una de estas obras de arte, debe ser considerado un tirano.


Tags: Teoria Teatral, Para debatir y comentar

Comentarios
Publicado por Invitado
lunes, 31 de octubre de 2011 | 20:40

no ponga tanta chachara que no sirve pa' nadaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa